Apenas se posa la ceniza en la frente y ya sentimos el coraz贸n apretado por esa nostalgia anticipada que tanto se parece al amor: cuarenta d铆as que se van como agua entre los dedos, fugaces, casi crueles en su brevedad, porque sabemos que traen consigo el final de un tiempo de espera y el principio de otro que nos desgarra y nos consuela al mismo tiempo. La Cuaresma se va volando, como se van volando los a帽os y las personas que quisimos, dejando en el alma ese vac铆o tierno que solo llena la Semana Santa cuando llega con su peso de siglos, su rumor de pasos que arrastra memorias y su belleza que hiere porque es demasiado hermosa para ser de este mundo. La Cuaresma no se acaba de golpe: se desvanece en un suspiro largo, dejando el alma en vilo, con las tardes que se estiran como un 煤ltimo regalo y los primeros ecos de tambor que anuncian que ya no hay marcha atr谩s. La Cuaresma se nos va como se van las cosas que m谩s queremos, sin ruido, casi a hurtadillas, para que al de...
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