A veces me detengo y me pregunto por qu茅 sigo escribiendo en un blog, el primero que tuve all谩 por el 2008. El mundo all谩 afuera bulle de vida ef铆mera: TikToks que se desvanecen en 15 segundos, Stories que mueren al amanecer, tweets que se pierden en el torbellino de opiniones. Todo es r谩pido, brillante, inmediato. Y sin embargo, aqu铆 estoy yo, tecleando p谩rrafos largos sobre cielos que ya no vemos y filosof铆as que parecen de otro tiempo. No es terquedad, te lo prometo. Es que mi blog es mi segundo hogar. En Instagram soy una foto m谩s entre millones; en X, una voz que se ahoga en el griter铆o. Pero aqu铆, en estas p谩ginas que controlo de principio a fin, **puedo respirar**. Puedo escribir cientos de palabras sobre lo que quiera, incluir fotos que me robaron el aliento, y hasta meter una tabla con datos que me cost贸 horas encontrar. Nadie me dice "esto es demasiado largo" o "ponlo en carrusel". Lo m谩s bonito pasa en los comentarios. Mientras en redes sociales recibo e...
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