La iglesia está casi a oscuras. Solo unas pocas velas titilan frente al altar mayor.
Ahí está el palio del Carmen Doloroso, desnudo, sin flores ni cirios, todavía sin la Virgen. Los varales de plata brillan fríos, el techo azul parece más negro que nunca y los respiraderos cuelgan mudos, esperando.
No hay voces de capataz, ni martillos, ni el olor a cera caliente. Solo el silencio denso de la víspera.
Es el momento más íntimo del año: el palio solo, sin nadie debajo, como un cielo vacío que aún no sabe que pronto llevará a la Madre cerrando el cortejo.
En esa quietud cabe todo el dolor y toda la gloria que vendrán después.
Y la Virgen, todavía en su Hornacina, ya lo sabe.
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| Palio Hermandad del Carmen Doloroso, Sevilla foto SMCE |

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