Mi rincón digital entre tanto ruido.

A veces me detengo y me pregunto por qué sigo escribiendo en un blog, el primero que tuve allá por el 2008. El mundo allá afuera bulle de vida efímera: TikToks que se desvanecen en 15 segundos, Stories que mueren al amanecer, tweets que se pierden en el torbellino de opiniones. Todo es rápido, brillante, inmediato. Y sin embargo, aquí estoy yo, tecleando párrafos largos sobre cielos que ya no vemos y filosofías que parecen de otro tiempo.


No es terquedad, te lo prometo. Es que mi blog es mi segundo hogar. En Instagram soy una foto más entre millones; en X, una voz que se ahoga en el griterío. Pero aquí, en estas páginas que controlo de principio a fin, **puedo respirar**. Puedo escribir cientos de palabras sobre lo que quiera, incluir fotos que me robaron el aliento, y hasta meter una tabla con datos que me costó horas encontrar. Nadie me dice "esto es demasiado largo" o "ponlo en carrusel".


Lo más bonito pasa en los comentarios. Mientras en redes sociales recibo emojis de fuego y corazones, aquí llegan mensajes que me emocionan de verdad. Aunque he tenido experiencias muy negativas en el pasado en otros blog con el tema de los comentarios. Ese tipo de conexión no lo encuentras en un Reel. Es íntima, profunda, real.


Sí, podría pasar horas grabando videos que quizás lleguen a 100 personas antes de que el algoritmo los entierre. O podría optimizar cada publicación para Instagram hasta volverme loco. Pero prefiero este ritmo lento, este espacio donde el tiempo se detiene. Mi blog no busca ser viral; busca **ser eterno**.


Cada artículo que publico es como plantar un árbol digital. Algunos crecen rápido y dan frutos inmediato; otros tardan años, pero ahí están, firmes, generando visitas, inspirando a alguien en otro lugar. 


En un mundo donde todo es desechable, mi blog es **mi legado**. Un lugar donde guardo mis pensamientos sobre el tiempo que no vuelve, los cielos que perdimos, las filosofías que me mantienen cuerdo. Y mientras todos corren detrás de la próxima tendencia, yo sigo aquí, fiel a mi estilo.


SMCE





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