Florencia cuando se apagan los turistas.

Rio Arno, Florencia
foto SMCE


Era casi medianoche, el frío ya picaba y el río Arno estaba como un espejo negro. De repente, todo el Ponte Vecchio y las casas de atrás se reflejaron tan perfectos que parecía un truco, como si alguien hubiera duplicado la ciudad y la hubiera puesto boca abajo.

No había ni un alma. Bueno, miento: pasó un chico en bici con los cascos puestos, un gato cruzó el puente como si fuera suyo y, al fondo, una pareja discutía en voz baja. El resto era silencio, luces cálidas y ese olor a río que solo sale de noche.

Hice la foto casi sin pensar, con el móvil apoyado en la barandilla porque me temblaban un poco las manos del frío. Y ahí está el resultado: Florencia sin filtros, sin cientos de personas con el móvil en la mano, sin el bullicio del día. Solo ella, guapísima y tranquila, como cuando te cuenta un secreto.

A veces creo que las ciudades también necesitan dormir y, cuando lo hacen, se muestran tal como son. Esta es mi foto favorita de Florencia, la que me guardo para mí.

Mi foto favorita de Florencia es esta: cuando el Arno se convierte en espejo y la ciudad se mira a sí misma.

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